Sobre el autor: Siu Kam Wen

 Siu Kam Wen (Xiao Jin-Rong), nació en Zhongshan (China) en 1951. Tras una estancia de tres años en Hong Kong y con tan solo ocho años, viaja a Perú, donde fija su residencia desde 1959 hasta 1985. Educado en el Colegio Peruano Chino 10 de Octubre y la GUE Ricardo Bentín, se graduó de Contador por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, en cuyas aulas se apasionó por la literatura. En 1981 obtiene una Mención Honrosa en el Premio Copé de cuento y El cuento de las 1,000 palabras de la revista Caretas en 1983. Es autor de los libros El tramo final (1986, 2009), La primera espada del Imperio (1988), Viaje a Itaca (2004), La estatua en el jardín (2004), Deconstructing art (2004), La vida no es una tómbola (2008), y El furor de mis ardores (2010).

Considerado un autor de culto, reside en Hawai desde 1985.


"El verano largo" / novela

Si hay un escritor mítico en los años 80 ese es Siu Kam Wen, autor del imprescindible libro de cuentos titulado "El tramo final", reeditado por Casatomada en su serie Clásicos Peruanos Contemporáneos, y que provocara una avalancha de excelentes críticas y comentarios hacia la obra de este enigmático autor, de quien el diario La Prensa señaló: "Siu Kam Wen, quien no sabemos si en realidad existe, ya que está de moda inventar escritores orientales para encubrir autores conocidos…". El resto es historia.

Convertido ahora en un autor de culto, nos presenta “El verano largo”, donde Siu –alter ego del autor –recorre la memoria de sus primeros años universitarios, la calle, la dictadura, los amigos, un amor, el silencio, las soledades, el descubrir de un nuevo mundo, Lima y sus cambios producto de la migración, la violencia de saberse extraño en un lugar amado, los enfrentamientos políticos, las convulsiones sociales que cambiaron al país, la familia y nuevamente el amor: la vida. Porque una vida sin amor, es como un año sin verano.


"El verano largo" (Fragmento)

Decidí no volverle a «escribir cosas bonitas por un rato», para no seguir —al menos por un tiempo— agitando sus emociones y para que ella tuviera tiempo de calmar sus aprensiones. Le pregunté acerca de sus recuerdos de Carmen de la Legua, su barrio antiguo; de su familia y de su familia propia; de su infancia. Quise saber si, además del episodio del Happy Birthday, no tendría otras anécdotas de sus locuras dieciseisañeras. Por mi parte, le hablé de la parte de mi infancia que había transcurrido antes de venir al Perú.

Pensaba escribirte acerca del Rímac que conocí, pero lo haré en otra oportunidad. Voy a contarte acerca de mi infancia en China. Esa parte no está en Tómbola, y no se la he contado a nadie.

Viví hasta la edad de cinco en Nan Wen, una aldea en el distrito de Zhongshan. Era un lugar con campos de cultivo, huertas, riachuelos y explanadas donde los aldeanos descascaraban el arroz. Cuando volví hace dos años a Zhongshan, el distrito había sido convertido en una ciudad, y mi aldea ya no existía como tal, sino como un barrio con un portal y callejuelas llenas de casas viejas. En una de esas casas nací.

Viví entre mujeres: mi abuela, mi mamá y mi tía. El más joven de mis tíos, el que sirvió de inspiración para el tío Elías en Tómbola, y mi primo Carlos, un año mayor que yo, vivían también con nosotros. No conocí a mi papá hasta la edad de ocho.

A los cinco me pusieron en una escuela que funcionaba en una mansión antigua, construida al estilo occidental. Era mejor describirla como ruinosa. Un día, en plena clase, un chico que estudiaba en el segundo piso pisó una tabla rota y cayó a través del hueco. Mi maestra nos hizo orinar en un bacín y forzó al pobre chico a beber la orina: ¡dijo que así se curaría las lesiones sufridas en la caída!

Un año antes estuve involucrado también en otro accidente. Fuimos mi tía y yo al mercado, y estábamos regresando a casa con un paquetito con carne de cerdo cuando tuvimos que cruzar un arrozal, donde había búfalos y toros. Un toro se enloqueció y se nos vino encima. Mi tía y yo tuvimos que tirarnos al suelo, yo vi cómo los cascos del animal pasaban a sólo un paso de mi cabeza, y cuando nos levantamos, la carne que llevaba en la mano estaba sucia de tierra.

A los seis nos dieron finalmente el permiso para salir de China Comunista, y nos fuimos a Hong Kong. Vivimos por unos meses con otra tía mía, esta vez materna. Después nos mudamos a Aberdeen, en las afueras de Hong Kong, sólo mi mamá y yo. Vivíamos en una pensión. Compartimos un pequeño cuarto con otra mujer y su hijita que estaban esperando también la visa para viajar y reunirse con su esposo y padre. La pensión tenía una radio a cable y de noche propalaba historias terroríficas. Ya te puedes imaginar, yo me agarraba a mi mamá (pues dormíamos en la misma cama) y no la soltaba.

Ese periodo fue el mas idílico de mi vida. Aberdeen era un pequeño puerto pesquero. Casi todos los chicos en mi clase eran hijos de pescadores. Un día fui con dos de ellos a una isla en un bote de remos, tres chiquillos de siete. Mis amigos andaban siempre con una especie de flotador hecho en casa, y podrían sobrevivir a un accidente en el mar, pero yo no. Otro día fui solo a un cementerio que había al lado de una gran represa de agua, buscando la supuesta tumba de un maestro de kung-fu, y por poco me perdí. Pero lo que más me gustaba hacer cuando no tenía que ir a la escuela era ir al malecón del puerto, donde había varios puestos que alquilaban revistas, y leía mis chistes allí.

Me vine al Perú en 1959, con mi mamá. ¿Sabes qué me dieron mis compañeros de clases como regalos de despedida? Canicas con sus nombres escritos en una tirita de papel y pegada a la canica. Qué conmovedor, ¿no?

 

 


Presentación de "El verano largo"

Por cortesía de la revista "Lima Gris" hagan click AQUI y vean la presentación de "El verano largo", de Siu Kam Wen en el ICPNA - Miraflores, realizada el 17 de mayo. Muchas gracias.

 

 


Siu Kam Wen entrevistado en Letra Capital

 Siu Kam Wen estuvo de paso nuevamente en Lima. En esta ocasión, entre otras cosas, para presentar su más reciente novela El verano largo (Editorial Casatomada, 2012), inspirada en una historia de amor que vivió su autor en la juventud. Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR

–¿Cómo surge El verano largo?

La novela está inspirada en algo que efectivamente pasó. Hace como tres años regresé a Lima para presentar El tramo final y La vida no es una tómbola. Y me hicieron un buen número de entrevistas, algunas de ellas aparecieron en periódicos y otras, en revistas. Después de tres meses, cuando ya me encontraba de retorno en Hawaii, me llegó un email de alguien que había conocido hace 38 años y que fue mi primer amor. Ella me había reconocido en una entrevista que me hicieron en la revista Caretas.

–También se puede leer como una travesía al pasado, a la época de tu juventud.

Sí. Tiene dos partes. La primera es un viaje al pasado, exactamente al año 1971. Ese año ingresé a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y fui al ciclo básico. Eso era un programa nuevo que reunía a todos los ingresantes de diversas facultades. Y en esa época conocí a una chica que yo pensé que tenía 18, pero en realidad tenía 16.

–Es también un homenaje a la amistad. En ese ciclo básico tú conoces entre otros al también escritor Cronwell Jara…

Bueno, Cronwell me tomó confianza. Me dio a revisar “Montacerdos”, el manuscrito. Yo fui el primer lector, o por lo menos uno de los primeros, de su cuento  “Montacerdos”. También conocí a Mario Choy. Nos decían bohemios, porque llegábamos a las 11 de la mañana de un domingo y regresábamos en la madrugada del lunes.

–¿Qué es lo que más recuerdas de esa época?

La época. Casi todas las semanas teníamos mítines, protestas, marchas. Era políticamente muy revuelta, pero también muy interesante. Había algo vivo, había algo pujante. En esa época había empezado la reforma agraria y la reforma social. Finalmente, todas esas reformas se vinieron abajo, no resultaron. Yo no creo que haya habido otra época similar en la historia del Perú. La revolución de Velazco fue un espejismo, pero mientras uno la vivió fue la mejor experiencia…

–¿Por los ideales?

Sí, por los ideales…

–Ideales que se han perdido…

Sí, y no sólo con el fracaso de la revolución peruana, sino también con la caída del muro de Berlín, con la conversión de China al capitalismo, con el fracaso de la revolución cubana. Ya no hay ese idealismo.

–¿Tú eras de izquierda?

Yo era izquierdista, pero después tuve que aceptar la realidad, que la ideología no funciona, que la ideología utópica de Marx o de Engels no funciona. Y he tenido que aceptar esa realidad pragmática.

–Sé que Stendhal es muy importante en tu literatura. ¿A qué se debe?

Yo prefiero escribir en forma llana, sin mucho artificio. Y se dice que Stendhal cuando escribió Rojo y negro siempre tenía al lado el Código de Napoleón, que era conciso y claro. Y yo hacía los mismo, sobre mi escritorio tengo Rojo y negro porque si a veces sufro la tentación de ser demasiado florido, releo esa novela.

–Escribes en español. ¿Por qué?

Bueno, conozco tres lenguas. He tratado de escribir en inglés. Pero siempre supe que en inglés no iba a ser tan bueno como en español. Y ya me he olvidad del chino escrito; lo puedo hablar, pero escribir una novela no, tal vez alguna carta.

–¿Cómo es tu relación con el Perú? Te lo pregunto porque tú naces en China, vienes aquí de niño y te quedas hasta que por razones de no conseguir trabajo terminas yéndote a Hawaii donde has pasado la mayor parte de tu vida. Pero siempre vuelves al Perú.

Bueno, como escritor siempre vuelvo al Perú porque mis años de formación (parte de mi infancia, mi adolescencia y mi juventud temprana) se vivió en Lima. Esos fueron los años que me han marcado de un modo u otro. Sin el Perú no hubiera llegado a ser escritor. Si me hubiera quedado en China me hubiera convertido en un campesino ignorante. Y si me hubiera quedado en Hong Kong me hubiera convertido en un tipo superficial.

 




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