Sobre el autor

Alex Alejandro Vargas (Lima, 1984), es Comunicador Social por la Universidad Federico Villarreal. Realizó un Diplomado en Comunicación para el Desarrollo en la Universidad San Martín de Porres y actualmente sigue la Maestría de Gerencia Social en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Ha sido antologado en diversas publicaciones de poesía joven. Tiene publicado el poemario “Cuaderno de Luciérnagas” (Zignos, 2005). Como gestor cultural organizó diferentes proyectos culturales, recibiendo varias distinciones por su labor en favor de la promoción cultural. Ha realizado periodismo cultural en diarios, revistas y radios de Lima. Actualmente dirige un programa cultural de la Municipalidad de Lima y la web de arte y cultura www.ohcultos.com


El camino, el amor y un cartero / Poesía
Este es el libro de las contemplaciones y los encuentros. La poesía es la piedra del paseante, el ciego resplandor que nos sobrecoge en cada contemplación. El verdadero poema sale disparado como un cañón de las raíces de un árbol, y casi siempre quiere tocar el sol cruzando el espacio de los ríos y los mares infinitos. La poesía no es barro sino resplandor, es la metáfora del bosque que se dilata, el cielo que nos escribe como el sollozo de un árbol persistente. Alex Alejandro Vargas ha escrito un libro memorable donde se mezcla la complejidad del barro y la metáfora del resplandor, es decir, el vicio de toda la belleza. Es el libro de la observación interior y la meditación objetiva y espiritual, es la filosofía de la yedra y el atardecer de lo barroco bajo un río transparente. Es el libro de las fábulas y las canciones, de la nota al pie de página para dejar cuenta del viaje, para decir que el canto estuvo ahí, y que después de todo hubo un hallazgo. El poeta encuentra un cartero (la voz del otro) para que retumbe la alteridad de su canto. El milagro está ahí: el poema es una bala verde que cruza ríos, pueblos, mares y corazones. La poesía es insaciable, necesita de una lumbre y un resplandor para que continúe latiendo, y por eso nosotros debemos ser insaciables con la poesía y su canto irrepetible. Hoy es grato leer este libro como un fulgor, como una llama penetrante. Allá va el cartero, buscando la agonía y el gozo, el resplandor y la soledad de un instante.
 
Miguel Ángel Zapata
New York, Hofstra University

 


Primera carta del camino

 

“Salí a buscarme con una carta vacía
y terminé encontrándome en sus palabras”
Yo soy el cartero
Yo soy el cartero de estas colinas tristes
quien se alimenta de las tardes y de sus colores peregrinos,
y camina hacia lugares que todos ignoran.
Soy el cartero de avenidas que no existen y de ciudades olvidadas.
Viajo constantemente
llevando buenas nuevas a mi paso solitario.
El cartero, el cartero, el cartero, me dicen al llegar a cada ciudad
y al pasar por cada librero viejo.
No soy más que un sencillo mensajero pero guardo en mi bolso
secretos y horizontes,
guardo también en mi mirada mensajes extraviados por el tiempo.
Soy y seré El cartero,
un viejo samana que no recuerda su nombre
un viento no muy fuerte de las cinco de la tarde.
 
 
 
 



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