Carlos Calderón Fajardo (Juliaca, 1946) cursó estudios de filosofía en Viena y se graduó de sociólogo en
Carlos Calderón Fajardo es una de las figuras más emblemáticas de los nuevos escritores peruanos debido a su capacidad para plasmar experiencias extraordinarias en textos que buscan resolver los conflictos de la conciencia, el miedo a la muerte, la perfección en la obra de arte y el constante dialogo con la escritura como creador. En ese trajinar se sumerge en discursos que abordan cuentos realistas fantásticos, otros de gran aliento lírico, hasta los de temática gótica e incluso fantástica maravillosa: un universo personal tan grande que recrea las variantes que lo convierten en un autor inclasificable y a la vez genial.
En esta estupenda selección, acertadamente titulada “Antología Intima” encontramos los mejores cuentos de Carlos Calderón Fajardo escritos a lo largo de 40 años de constante oficio, y publicados en sus libros anteriores, casi imposibles de encontrar. Este volumen nos regala además los primeros cuentos del autor, inhallables hasta ahora, aparecidos en suplementos dominicales y revistas de fines de los 60´ y comienzos de los 70´, así como otros inéditos publicados en antologías en Perú, Alemania, Francia y Estados Unidos. Sin duda alguna Carlos Calderón Fajardo es un orfebre de la palabra que con templanza y madurez nos regala estas joyas literarias reunidas todas en un volumen que ya es de colección.
Una antología de mis cuentos, la primera, es algo que agradezco. No esperaba que esto se realice alguna vez. Ver publicado este volumen que reúne los que creo son mis cuentos más representativos me halaga, me complace, pero al mismo tiempo me crea desasosiego e inquietud. Siento sometida a consideración el conjunto de mi obra en cuento, y mi reacción inmediata me lleva a preguntarme algo sobre lo que nunca sabré la respuesta.
Ésta antología reúne cuentos míos publicados entre 1969 y el 2008, e incluye, además de mis primeros relatos publicados entre 1969 y 1970, cuentos de mis libros: “El que pestañea muere” (1981) “El hombre que mira el mar” (1988) “Historias de verdugos” (2006) y “Playas” (2008).
No había vuelto a leer mis cuentos. Creí que mis cuentos entre 1969 y el 2006 me serían ajenos, como escritos por otro, incluso gastados por el paso del tiempo. Fue una sorpresa hallarme aún en ellos. Encontré lo que hay en mí y aún busco, lo que no puede ni siquiera ser recordado como fue. Representan lo que ya no soy, sin embargo del primero al último cuento son lo que fui y siempre he sido, lo que siempre me ha obsesionado.
Es muy difícil explicar por qué escribí esos cuentos y no otros. Cómo y por qué nacieron quizás es mejor que no se sepa. Yo no lo sé exactamente. En todo caso, no los escribí deliberadamente; brotaron, simplemente brotaron.
En muchos de ellos se notan rasgos que son constantes en mi obra narrativa, no sólo en mis cuentos: el mar, las playas, el desierto, dos narradores en contienda, personajes dobles; Lima, París, Viena, el vampirismo, William Burroughs, relaciones de amor contrariadas, la muerte, la meta-ficción. Algunos de mis cuentos son claramente semillas que luego crecieron hasta convertirse en novelas. Algunos de mis cuentos son fantásticos, otros realistas y los hay realistas-fantásticos (un oxímoron que me agrada). Leerlos como totalidad, como nunca lo había hecho, me ha permitido descubrir que he mantenido un mismo aliento y que he dado vueltas con una misma sensibilidad pero con un imaginario diverso alrededor de algo que siempre se me escapa y de allí la amplitud del registro.
Es cierto que cada cuento tiene su cuento. “Magaly era un lugar” fue escrito en París en la segunda mitad de la década del 60, ganó en 1970 el premio “José María Arguedas” de cuento que organizaba
Desde mis primeros balbuceos como narrador, cierto tipo de calificativos me han perseguido. En los 70 el crítico alemán Wolfgang Luchting, en un panorama de la literatura peruana de esa época, me calificaba como “Escritor Fantasma”. Se me ha percibido luego como escritor esquivo, huraño, de culto, out-sider, etc, sin importar el que ganara premios, que era amigo cercano de muchos escritores y que publicaba con regularidad. Yo mismo me he preguntado siempre el por qué de esta forma de encasillarme sacándome de todas las casillas. En la lectura de mis cuentos quizás esté la respuesta a esta insularidad que no busqué. Tal vez lo que se esconde de mí también se esconde de los demás.
Soy un escritor peruano, y por más que muchos de mis cuentos transcurren en países lejanos. el que narra mis cuentos y los personajes que en ellos aparecen son siempre peruanos. No soy un escritor purista. En mis cuentos se siente la influencia del paisaje, de la gente peruana y de los problemas del Perú y se nota un imaginario y un lenguaje que son peruanos. Soy un peruano en el mundo, hecho de muchos mundos. Nací en el mundo andino, en Puno, donde viví mis primeros dos años de vida; mis ancestros son andinos: de Ayacucho, de Cusco. Mi padre era arequipeño, camanejo. Crecí en la costa, en el distrito limeño de Barranco y en Talara. Estuve de niño un año en Argentina con mi abuelo. Viajé a los diecisiete años a Austria donde nací como escritor. Mis primeras lecturas literarias fueron de escritores alemanes a los que leía antes de leer a escritores peruanos. En Austria, Alemania y Francia sufrí experiencias que me marcaron para toda la vida. Mi biografía, pienso, explica mi narrativa, que es, por ese motivo inevitablemente plural. No podía ser de otra manera. No elegí ser un escritor fronterizo. Soy un narrador peruano costeño, andino y cosmopolita. He nacido varias veces: en el mundo andino, en la costa del Perú y en Viena y en París. Enfermedades graves fueron la causa de cada nuevo renacimiento. Montaigne decía en uno de sus Ensayos: “Cuanto más me conozco más me maravillo de mi diversidad y menos me entiendo”.
Como narrador me interesa mi tiempo y mi país, incluso sus problemas sociales y el que lea mis cuentos hallará en ellos trazas importantes de esta preocupación, pero durante 40 años he repetido siempre más o menos lo mismo: “La literatura tiene valor como literatura, no como documento social. La literatura permite acceder a ciertos sectores de la realidad, que, de otra manera, no se podrían conocer”. Me reafirmo en estos postulados. No pienso cambiarlos.
ccf. Lima, mayo 2009.
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Baseball hats Junio 20, 2011, 9:53 pm
Para mi, Carlos Calderon fajardo, es mucho mejor que la mayoría de los escritores peruanos contemporaneos... me encantó la segunda visita de w. b. desde la primera página, hasta el final. gran novela.
Jesús Junio 11, 2010, 2:20 pm
Para mi, Carlos Calderon fajardo, es mucho mejor que la mayoría de los escritores peruanos contemporaneos... me encantó la segunda visita de w. b. desde la primera página, hasta el final. gran novela.
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